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martes, 30 de junio de 2009

Juan Pablo Duarte






Biografía


Padre de la patria. Nació el 26 de enero de 1813, nace en Santa Bárbara, Santo Domingo, hijo de Juan José Duarte, comerciante español nacido en Vejer de la Frontera, provincia de Cádiz (España) y Manuela Diez y Jiménez, oriunda de El Seibo, República Dominicana, a su vez, de padre castellano y madre seibana.
Según el investigador dominicano Pedro Troncoso Sánchez, es muy probable que el padre de Duarte llegara al país después de firmado el Tratado de Basilea en 1795. ("Vida de Juan Pablo Duarte", pág. 18).


Sin embargo, luego que las tropas de Toussaint ocuparon esta zona (1801) en cumplimiento del acuerdo estipulado por ese tratado, salió del país con su familia con destino a Puerto Rico. Allí le nació un hijo: Vicente Celestino.


La familia Duarte y Diez, regresó después de terminada la guerra de la Reconquista en 1809, cuando nuestro suelo volvió a ser colonia española.
Su padre "trabajó tesoneramente y con provecho, en su negocio de efecto de marina y ferretería en general en la zona portuaria del Ozama, único en su género en la ciudad. En esta época nacieron, además de Juan Pablo Duarte, dos de los cinco hijos llegados a mayores: Filomena y Rosa, y otros fallecidos en la infancia" (Troncoso Sánchez, Ob. cit., pág. 19). Era un hombre de recio carácter, en los momentos difíciles de los primeros momentos de la ocupación haitiana (1822), fue el único comerciante peninsular que se negó a firmar el manifiesto de adhesión a Haití.


Juan Pablo Duarte fue bautizado el 4 de febrero de 1813. Las primeras lecciones de su educación formal, la recibió primero con su madre, y luego con una profesora de apellido Montilla, quien dirigía una pequeña escuela de párvulos.


De aquí pasó a una escuela primaria de varones cuyo nombre se desconoce, donde dio tempranamente muestra de poseer una inteligencia privilegiada. Más tarde fue admitido en la escuela de don Manuel Aybar. Aquí completó sus conocimientos de lectura, escritura, gramática y aritmética elemental.
Después de unos cuantos años, niño aún, recibió clase de teneduría de libros, para luego pasar, ya un adolescente, a recibir la orientación de uno de los más sabios profesores de la entonces recién cerrada Universidad de Santo Domingo: el doctor Juan Vicente Troncoso. Con él estudió filosofía y derecho romano. Aquí también ofreció prueba de una gran vocación de superación, de amor por los estudios.


Deseosos sus padres de no interrumpir las proyecciones en el campo del conocimiento de su hijo, con grandes sacrificios decidieron enviarlo a estudiar al exterior.


Se ha dicho que ya adolescente, comenzó a germinar en su espíritu el ansia de liberar a su tierra de la dominación haitiana. Pero no hay pruebas de ello. El único informe que se tiene al respecto es que, cuando emprendió su viaje con destino a España, vía Nueva York, en el curso del viaje a esta ciudad, el capitán del buque y don Pablo Pujol —a quien fue recomendado— se pusieron a hablar mal de Santo Domingo, y al preguntarle el primero a Duarte si no le daba pena decir que era haitiano, éste respondió: "Yo soy dominicano". Según datos que merecen crédito, el viaje se llevó a cabo en los finales de 1827 o a principios del 1828, es decir, cuando su edad frisaba en los 15 años.
De Nueva York —donde probablemente pasó algunos meses, pues se perfeccionó en "el estudio de idiomas"— emprendió rumbo hacia España, deteniéndose en Londres y en París. Ya en la península ibérica se ubicó en Barcelona, donde tenía familiares.


Es indudable que este viaje le abrió nuevas y amplias perspectivas. Se ha hablado mucho en relación con este punto. En un ensayo poco conocido, Joaquín Salazar sostiene que su estancia en Nueva York le permitió adentrarse en las intimidades de la política norteamericana de entonces. Y refiriéndose a su permanencia en Londres, Félix María del Monte —que más tarde se convertiría en discípulo suyo y en traidor a su ideario— expresa que se interesó en el conocimiento de las instituciones y la política inglesa. Pero como de nada esto hay pruebas documentales fehacientes, forzoso es llegar a la conclusión de que lo dicho por estos autores merece poco crédito.


De su breve estancia en Francia nada se sabe. Sin embargo, hay que presumir que, hallándose este país en el umbral de un importante movimiento revolucionario, algo tuvo él que captar, pese a su juventud, sobre las causas de la inquietud política allí reinante. A ello debió haber contribuido la admiración que probablemente sentía —dadas su inteligencia y el ansia de justicia que latía en su alma— por la gesta de la Revolución Francesa. Para entonces, lo cierto es que toda Europa se hallaba en plena ebullición política, y que fue durante el tiempo que pasó en Barcelona —tiempo que cubrió casi con toda seguridad más de dos años— cuando el viajero se sintió atraido a fondo por esta ebullición.


Cuatro doctrinas políticas sacudían en esos momentos a aquel continente el romanticismo, el liberalismo, el nacionalismo y el socialismo utópico.
Duarte, en el marco de aquella ebullición de nuevas concepciones sobre la vida político-social, se sintió en gran parte ganado por determinados aspectos de las dos primeras. Hay, además, indicios probatorios de que aprovechó su estancia en Barcelona para estudiar derecho. Fue indudablemente entonces cuando comenzó a perfilarse su ideario político, en el cual el nacionalismo y el liberalismo fraternizan, levantándose sobre un fondo romántico, pensó que nuestro pueblo era depositario de una cultura propia, que lo hacía digno de la independencia política. Alcanzada ésta, la nación debía organizarse sobre la base del institucionalismo de la democracia representativa, que a su vez era un fruto del pensamiento liberal. Puesto que respondían a culturas distintas, sostuvo que entre "los dominicanos y los haitianos no es posible una fusión". Esta imposibilidad no nacía, pues, de diferencias raciales —que antirracismo no admitía— sino culturales.


De regreso al país se lanzó a una lucha sin tregua por concretar el propósito que alentaba. En aras de esta lucha, no escatimó sacrificios. Pese a que pertenecía a una familia importante de la burguesía comercial capitaleña, marginó todo afán de lucro, y rápidamente encontró discípulos y se convirtió en la figura cimera del nuevo movimiento. Era ya el maestro,en camino de devenir el Apóstol.


Fue en el seno de la clase media urbana donde sus ideas encontraron mayor eco. Para entonces, casi toda la aristocracia y demás grupos elevados se hallaban solidarizados con el régimen haitiano, razón por la cual fue imposible obtener, en los primeros años de aquella noble faena, su cooperación. Al irse ensanchando el movimiento, Duarte comprendió que se hacía imprescindible —dado el carácter absolutista del gobierno de Boyer— crear una organización clandestina que, siguiendo el modelo de las sociedades europeas de los "Carbonarios", asumiera la responsabilidadde dirigir las actividades.Así surgió la sociedad "La Trinitaria", que respondió a lo que en el futuro se llamaría una estructura "celular", y cuyos miembros se juramentaron en el momento de la fundación. El lema de esta sociedad fue: "Dios, Patria y Libertad". Luego surgió la sociedad "La Filantrópica", que realizó una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales.


Simultáneamente con el desarrollo del movimiento trinitario, en Haití, la oposición al gobierno de Boyer fue cobrando fuerza, impulsada por hombres de ideas liberales. Con fino sentido político, Duarte estimó conveniente —como paso previo a la independencia— colaborar con la aludida oposición.
A fin de llegar a un concierto al respecto, Ramón Mella —quien desde hacía algún tiempo se había adherido a "La Trinitaria" partió hacia Aux Cayes, a la sazón el mayor centro oposicionista, y obtuvo pleno éxito en su propósito. Boyer no demoró en ser derrocado, y Duarte contribuyó —en función de figura cimera de la rebelión contra Boyer en la zona oriental— a la consolidación de la victoria, mediante una acción bélica que tuvo lugar el 24 de marzo de 1843, en la ciudad de Santo Domingo. Charles Herard asumió el mando en Haití, como miembro de una Junta de Gobierno integrada por él y otros dos generales haitianos. Para asesorar a esta Junta se formó un Consejo Consultivo de ocho miembros, entre los cuales no figuraba ningún dominicano. Pero Duarte aprovechó la mayoría con que contaba dentro del movimiento liberal —también llamado "reformista"— en la región oriental, para crear bajo su dirección una Junta Gubernativa provisional que sirviera de base a la creación de la República Dominicana. Esto último aparecía condicionado por el acopio de armamento, la elaboración de planes militares y aportes económicos. Claro está: tales apoyos sólo podían obtenerse con la ayuda de la burguesía comercial, importadora y exportadora, y de los latifundistas (hateros), grupos que dándose cuenta de la grave situación política que el "reformismo" estaba creando en haití, comenzaron a alentar ideas colonialistas que se concretaron en las negociaciones cuya culminación fue el Plan "Levasseur". No había, pues, la posibilidad de lograr por el momento la aludida ayuda. Pese a ello, Duarte no cejó en el propósito. Envió a Mella al Cibao con el fin de levantar los ánimos e iniciar allí los correspondientes preparativos insurrecionales; y celebró en casa de su tío José Diez una importante reunión "con el intento de ver si podían unificarse las opiniones".


Fracasó en el empeño... Es más: al trasladarse Herard a la zona oriental, no demoró en tener noticias de lo que se tramaba, razón por la cual redujo a prisión en el Cotuí a Ramón Mella y al presbitero Juan Puigvert —que fueron enviados a Haití— y al llegar a la capital —hecho que la Iglesia Católica celebró con un "tedeum"— emprendió la persecución de numerosos ciudadanos, entre los cuales se encontraban Duarte y sus leales discípulos, Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez de la Paz. Catorce de los perseguidos fueron encarcelados, pero los recién citados —al igual que Francisco del Rosario Sánchez, quien después de incorporarse a la sociedad "La Trinitaria" logró prominencia en el movimiento— pudieron esconderse. A la postre, a los tres primeros les fue posible embarcarse hacia el exterior, "no habiéndolos acompañado Sánchez, porque alguna enfermeda le obligó a quedarse oculto, corriendo inmensos peligros".


El barco emprendió rumbo hacia el Sur, y después de varios días de viaje, llegó a playas venezolanas. Desde entonces, y hasta la víspera de su regreso a la patria —ya independizada— Duarte se fijó en Caracas.No realizó allí, al parecer, ninguna actividad remunerativa. Durante esos meses, un pensamiento dominó su ánimo seguir luchando por la independencia nacional y hacer en aras de ella todos los sacrificios necesarios. Visitó al presidente de Venezuela, general Carlos Soublette, con el fin de solicitar su cooperación a la causa. Le fue prometida... Pero las promesas no se cumplieron.
A Caracas apenas llegaban noticias del país.Era lógico que ello apesadumbrara y desesperara a Duarte. Por eso, en una reunión de venezolanos y dominicanos se acordó que Juan Isidro Pérez de la Paz y Pedro Alejandrino Pina, partieran hacia Curazao, ciudad enlazada con Santo Domingo por viajes frecuentes. Es probable que en el curso de esos meses en los cuales junto a la pesadumbre y la desesperación latió en su espíritu la confianza en el porvenir, redactara el proyecto de Constitución para la futura República, el cual por desventura, llegó incompleto a la posteridad.
Próximo a finalizar el año 1843, Duarte recibió una carta de suma importancia, fechada en Santo Domingo el 15 de noviembre y firmada por su hermano Vicente Celestino y por Sánchez. En ella se le reclamaban urgentes auxilios —especialmente en armas y dinero— y se le hacía saber que después de su partida, "todas las circunstancias han sido favorables". Se le decía, además, que era forzoso apresurarse porque "es necesario temer a la audacia de un tercer partido"; y se le recomendaba que regresara de inmediato al país por el puerto de Guayacanes, con el dinero y el material bélico solicitados. Claro está: si bien la noticia de la buena marcha de los trabajos tuvo que alegrarlo, a esta alegría se mezcló el dolor provocado por la imposibilidad en que él se hallaba de acceder al reclamo. En efecto, pese a sus esfuerzos, no había obtenido ayudas, y meses antes había escrito a sus hermanos exigiéndoles que ofrendaran "en aras de la patria, lo que a costa del amor y el trabajo de nuestro padre hemos heredado". De todos modos, decidió partir hacia Curazao y "hallar medios para fletar un buque y dirigirse a Guayacanes". Salió de Caracas "con la muerte en el corazón, sostenido por su fe en la Providencia". Pero no le fue posible llevar a cabo su propósito: una repentina enfermedad lo obligó a permanecer en Curazao, en compañía de Pina y Pérez de la Paz.
En el curso de esas semanas se produjeron en el país importantes acontecimientos... Sin renunciar al colonialismo, la aristocracia y los sectores pudientes se dividieron en lo relativo a las tácticas a seguir y a la potencia a la cual el país debía subordinarse. En lo que respecta a las tácticas, un importante sector de estos grupos sociales (Tomás Bobadilla ejercía la función de máximo asesor) consideró que lo indicado era pactar con los "duartistas" y luchar por la independencia como primer paso para lograr el protectorado de Francia. El vehículo entre este sector burgués y los "duartistas" fue Ramón Mella, y es casi seguro que para principios de diciembre el pacto ya había sido concertado, pero no hay documentación en la cual fundamentarse para afirmar que Duarte tuvo noticias de ello.
La colaboración de ese sector conservador precipitó el curso de los acontecimientos. Dio dinero para los preparativos insurreccionales y de las primeras comunicaciones que sobre el tópico transmitió el cónsul francé St. Denys, al ministro Guizot, se infiere que dicho cónsul tuvo una velada intervención en los preparativos. Además, la referida colaboración introdujo una novedad teórica en el seno del movimiento: en el Manifiesto del 16 de enero de 1844 —que fue redactado por Bobadilla— aparece por primera vez la palabra "separación" y no se habla específicamente de "independencia". Ello revelaba, con toda claridad, un desvío del pensamiento duartiano, y abría el campo a los propósitos proteccionistas o anexionistas.
Las más recientes investigaciones sobre la gesta del 27 de febrero, hacen ver de la importante participación de Bobadilla, quien se vinculó estrechamente con Santana tan pronto éste llegó a Santo Domingo con sus tropas de "seybanos". Nadie se opuso a que él asumiera la presidencia de la Junta Central Gubernativa que hubo de integrarse. De hecho, Bobadilla asumió la jerarquía política de la República en génesis, y Santana la jerarquía militar. Pero era evidente que Duarte no podía ser marginado. Se acordó, pues, que el buque "Leonor" partiera hacia Curazao para traer a Duarte a la República Dominicana.


El 14 de marzo el Apóstol llegó a la nueva capital, donde fue objeto de un entusiasta recibimiento.Al día siguiente fue nombrado miembro de la Junta Central Gubernativa y comandante del Departamento.
El triunfo del movimiento iniciado el 27 de febrero impulsó al presidente haitiano Herard a que fuera invadida la República con un ejército dividido en dos cuerpos, de los cuales uno penetró por el Norte y otro por el Sur. Correspondió a Santana enfrentarse a este último, logrando una resonante victoria en Azua, el 19 de marzo. Pero en vez de capitalizar esta victoria lanzando una activa persecución contra el enemigo, el aun bisoño jefe militar, prefirió retirarse desordenadamente a Baní y exigir al cónsul francés, que hiciera válidas sus promesas relativas al protectorado. Así las cosas, la Junta Central Gubernativa ordenó a Duarte que se dirigiera a Baní, con una fuerza militar organizada por su discípulo Pedro Alejandrino Pina, a fin de llegar a un acuerdo con Santana sobre la estrategia a seguir contra el invasor. Al no ser posible este acuerdo, Duarte requirió de la Junta la necesaria autoridad para actuar por su cuenta, y la respuesta de este organismo, dominado por Bobadilla, fue ordenarle a Duarte que regresara con sus tropas a la capital. La orden fue cumplida. Pero delataba que el pacto que el sector colonialista había concertado con el "duartismo" —cuya fuerza principal la brindaba la clase media—había quedado roto. Advino así una peculiar lucha de clases que a la postre culminó en el triunfo del sector colonialista.


En efecto, al ser derrotado el ejército haitiano que invadió por el Norte en la batalla del 30 de marzo, en Haití se produjo una grave crisis política que fue aprovechada por Santana para imponer su dominio, casi sin combatir, en toda la región del Sudoeste. En esos mismos días, Bobadilla y el doctor Caminero —que eran en la Junta Gubernativa los representantes más señeros del sector colonialista— convocaron a autoridades y "personalidades notables" a una reunión en la cual, con el apoyo del Arzobispo Portes e Infante expresaron sin reparos sus tesis colonialistas y la decisió de dar vigencia al Plan "Levasseur". Presentes en la reunión Duarte y sus discípulos, elevaron una firme protesta. La división en la Junta Central Gubernativa quedó así confirmada, y puesto que no había posibilidad de llegar a un acuerdo, el 9 de junio Duarte resolvió depurar a la Junta, mediante un acto de fuerza. Momentáneamente, el movimiento se impuso... Pero se produjeron fallos en su realización, razón por la cual no pudieron tomarse todas las medidas imprescindibles para consolidar el triunfo. Ante ello —y en vista de que Mella transmitía desde el Cibao noticias alarmantes— la nueva Junta ordenó a Duarte que se dirigiera a esta región del país, para que restableciera "la paz y el orden necesario para la prosperidad pública".


El 24 de junio, partió Duarte hacia la aludida región. Pero los "colonialistas" no se cruzaron de brazos. Informaron a Santana de lo que acontecía, y éste, a la vez que desconoció el nombramiento de la nueva Junta, decidió rebelarse, el 3 de julio, seguido por las tropas que él dirigía. Entretanto, habiendo sido objeto Duarte de entusiastas recibimientos en las poblaciones del Cibao, Mella promovió en esta región un importante movimiento tendiente a llevarlo a la presidencia de la República, honor que el agraciado solo se dispuso a aceptar, si ello respondía a la voluntad de la población, reveló que en el espíritu de Duarte el trasfondo romántico seguía vivo, pues era evidente que no había en aquellos momentos la menor posibilidad de llevar a cabo una consulta popular sobre el punto. No obstante, bien pudo influir en su ánimo la convicción de que, si aceptaba el honroso cargo, nada podría evitar —dadas las circunstancias— el estallido de una guerra fratricida, a la cual él se negaba a contribuir.


La insurrección de Santana triunfó. Con ello, el sector colonialista se hizo dueño del poder y se inició la persecución contra los independentistas radicales. Duarte fue encarcelado en Puerto Plata y remitido a la capital, donde, mediante una resolución gubernamental, fue declarado —al igual que Juan Isidro Pérez de la Paz, Pedro Alejandrino Pina, Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Juan Evangelista Jiménez, Gregorio Delvalle y J. J. Illas— traidor a la patria y expulsado del país. ¡Se inició así para el apóstol el más largo y doloroso de sus ostracismos!


Llegó a Hamburgo, Alemania, y desde allí tomó a los pocos días otro barco que lo llevó a St. Thomas. Luego siguió rumbo a Venezuela, país en cuyo interior estuvo doce años. Al fin, se avecindó en El Apure. Casi nada se sabe de su vida en el curso de esos largos años. Herido en lo más hondo del alma, buscó —como buen romántico— el consuelo de la naturaleza. Pero según afirma su hermana Rosa, escribió sobre la historia de su patria y sobre las costumbres de los pueblos que iba recorriendo. Infortunadamente, todos estos escritos se perdieron, "destruidos por las llamas (o) por el fuego de la ambición, que oculta con el manto de la libertad, destruye cuanto encuentra a su paso". Es casi seguro que no tuvo noticias del decreto de amnistía que en favor de él y de sus compañeros, el gobierno de Jimenes promulgó a principios de septiembre de 1848. ¡Y bien parece que dándose cuenta de que arruinado él y su familia, cualquier esfuerzo de su parte por torcer el rumbo político de su país sería estéril, prefirió que el curso de los acontecimientos desembocaran en una coyuntura propicia para su actuación!


Esta coyuntura no tardó en presentarse. Meses después de haberse producido la anexión de la República a España, en 1961, le llegó la noticia de la misma, se hallaba aún en la zona selvática del río Negro. De inmediato emprendió viaje hacia Caracas. En esta ciudad recibió proposiciones del cónsul español, entre ellas la de nombrarlo Capitán General de la colonia restaurada. Rechazó tales proposiciones, considerándolas indignas. Luego, el Ministro del Interior de Venezuela le ofreció un cargo, y este apreciamiento también fue rechazado, pues si lo aceptaba, tendría que reconocer "por patria el país a que servía".
En relación con estas proposiciones su hermana Rosa da a entender que él le dijo: "Acepté con júbilo la copa de cicuta que sabía me aguardaba el día que mis conciudadanos consideraran que mis servicios no les eran necesarios (pues) a mí me bastaba ver libre, feliz e independiente mi ínsula". Tomó, pues, rumbo hacia la patria en guerra, con la decisión de incorporarse al movimiento restaurador, del cual recibió informes desde Coro, enviados por Pedro Alejandro Pina. El 25 de marzo de 1864 llegó a Monte Cristy y de allí continuó viaje a Guayubín. Desde esta aldea envió una carta al Gobierno Provisional, informando de su presencia allí, y de su disposicióna incorporarse a la lucha bélica. El Gobierno le contestó mostrando regocijo por su llegada.


Entre otras cosas, la respuesta —firmada por Ulises F. Espaillat, Ministro de Relaciones Exteriores, encargado de la vicepresidencia— dice: "La Historia de los padecimientos de esta patria es la historia de su gloria". Dos semanas después, el gobierno volvió a dirigirse a él expresándole que "habiendo aceptado... los servicios que de una manera tan espontánea se ha servido usted ofrecernos, ha resuelto utilizarlos encomendándole a la República de Venezuela una misión de cuyo objeto se le informará oportunamente. En esta virtud, mi Gobierno espera que usted se servirá alistarse para emprender viaje"...


Pese a que el Apóstol ansiaba "participar de los riesgos y peligros que arrostran en los campos de batalla los que con las armas en la mano sostienen con tanta gloria los derechos sacrosantos de nuestra querida patria", se inclinó ante el requerimiento. En realidad, la República en armas necesitaba entonces de la ayuda moral y material de las naciones americanas fraternas, y nadie estaba más indicado para solicitar esta ayuda, que el Padre de la Patria. Partió, pues, hacia Haití, y desde allí se dirigió a St. Thomas; luego siguió viaje al continente, vía Curazao. Ya en noviembre se hallaba en Venezuela, donde tuvo noticias del establecimiento del nuevo gobierno restaurador, nacido de la depuración que en las filas del movimiento llevó a cabo el benemérito general Gaspar Polanco.


Desde Caracas, le escribió al Ministro de Relaciones Exteriores una importantísima carta de la cual extraemos los siguientes párrafos:
"Quedó impuesto de las razones del Gobierno respecto de su conducta con los traidores, y no quedo menos que decir a usted que mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones: el Gobierno debe mostrarse justo y enérgico en las presentes circunstancias o no tendremos patria y por consiguiente, libertad ni independencia nacional..."


"Báez dice en Curazao (a mí no me lo ha dicho pues no lo he visto), que en el Cibao se trata de una nueva anexión a los Estados Unidos, y que esto los hace estar tan orgullosos, otros suponen un partido haitiano y aún no hay quien hable de un afrancesado. Esto es falso de toda falsedad: en Santo Domingo no hay más que un pueblo que desea ser y se ha proclamado independiente de toda potencia extranjera, y una fracción miserable que siempre se ha pronunciado contra esta ley, contra este querer del pueblo dominicano... Ahora bien: si me pronuncié dominicano dominicano independiente desde el 16 de julio de 1838, cuando los nombres de libertad, patria y honor nacional se hallaban proscritos como palabras infames, y por ello merecí (en el año 1843) ser perseguido a muerte por esa facción entonces haitiana; si después, en el año 44 me pronuncié contra el protectorado francés ideado por esos facciosos y cesión a esta potencia de la península de Samaná, mereciendo por ello todos los males que sobre mí han llovido; si después de veinte años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi patria a protestar con las armas en la mano contra la anexión a España, llevada a cabo a despacho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y patricida, no es de esperarse que yo deje de protestar (y conmigo todo buen dominicano) cual protesto y protestaré siempre, no digo tan sólo contra la anexión de mi patria a los Estados Unidos, sino a cualquiera otra potencia de la tierra, y al mismo tiempo, contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra independencia nacional y cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del pueblo dominicano".


Evidentemente, esos párrafos delatan el nacionalismo integral del Apóstol, del cual da también testimonio el Art. 6º de su proyecto de Constitución.
Su misión en la América del Sur, terminó al producirse la restauración de la República. Encontrándose en el poder el general Cabral, vislumbró las desventuras que se cernían sobre el país. Es más: se quejó indirectamente de hallarse, una vez más, en el ostracismo. Escribió: "¿Qué más se quiere del patriota? ¿Se quiere que muera lejos de su patria, él que no pensó sino en rescatarla; y con él sus deudos, sus amigos, sus compañeros, sus compatriotas que no sean bastante viles para humillarse y adorar el poder satánico que adueñado de la situación hace más de veinte años, dispone a su antojo del honor, de la vida, de las propiedades, de los mejores servidores de ese pueblo heroico hasta en el sufrimiento y tan digno de mejor suerte?" ¡Palabras terribles! ¡Anatema —hecho llama— contra los traidores! ¡Reconocimiento de la guerra a muerte entre los que tienen "hambre y sed de justicia" y los "iscariotes, escribas y fariseos"¡ Pese a la visión de ese porvenir aciago, no perdió la fe en su pueblo. Pues su religiosidad lo hacía confiar en la Providencia, y el juicio de Dios es "justiciero". Pero correspondía al hombre puro precipitar ese juicio. Mostró, por tanto, la disposición de contribuir a ello. Quiso, por tanto, reintegrarse a la lucha, "pues el amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados con la generación venidera (y) necesario es cumplirlos o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes".



Últimos días


No pudo satisfacer esta voluntad... Duarte sale de nuevo a Venezuela en 1864, dedicándose a su misión hasta que lo relevan de la misma. Lograda la Restauración de la República (1865) , Duarte se quedó con su familia en la ciudad de Caracas, subsistiendo de una fábrica de velas. Enfermo de cuerpo y de alma, su vida se fue gradualmente apagando hasta hundirse hasta su fallecimiento el 15 de julio de 1876


Fechas históricas


El 23 de enero 1813, nace Juan Pablo Duarte, en Santa Bárbara de Santo Domingo hijo de Don Juan Jose Duarte oriundo de España y Manuela Diez Oriunda del Seibo. fundador de la Trinitarian y creador de los principios de la dominicanidad. Más tarde se convertitió en padre de la Patria
El 28 de junio 1820, Rosa Protomártir Duarte y Díez nació en la ciudad de Santo Domingo, siendo declarada como hija legítima de Juan José Duarte Rodríguez y Manuela Díez Jiménez.

El 16 de julio 1833, Juan Pablo Duarte funda la Trinitaria grupo que encabezó con sus primeros integrantes Jacinto de la Concha; Felipe Alfau; Jose Maria Sierra; Pedro Alejandro Pina, Juan Isidro Pérez; Feliz Maria Ruiz; Benito Gonzales Y Juan N. Ravelo.

El 24 de marzo 1843, un grupo de civiles reunidos en la Plaza de Armas, hoy Parque Colón proclama su adhesión al movimiento revolucionario conocido como la “Reforma”, en esta acción de apoyo a dicha rebelión fue organizada y dirigida por el patricio Juan Pablo Duarte y un grupo de varios patriotas llamados los mismo “reformistas”, habían participado desde la plazoleta del Carmeny contó con la presencia.


El 3 de mayo 1843, el patricio Juan Pablo Duarte, visita la Región Este y se entrevista con Ramón Santana, hermano gemelo de Pedro Santana. Desde entonces pudo contar con el valioso curso de los hermanos Santanas para realizar planes pro- independentistas que abrigaba desde hacia tiempo.


El 17 de abril 1843, el patricio Juan Pablo Duarte es nombrado comicionado para organizar los pueblos del Este.


El 6 de septiembre 1843, en venezuela, el patricio Juan Pablo Duarte instado a presentar lo que ha estudiado ante la Universidad de Caracas para que reciba doctor en Derecho.


El 2 de marzo 1844, la junta central gubernativa, en una de las primera medidas dispone la salida de la Goleta “Leonor” hacía curazao, llevando a cargo la comisión que traeríael encargo de traer de regreso a la patria recien creada a Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandro Pina, miembros fundadores de la “Trinitaria”.


El 15 de marzo 1844, el padre de la patria, Juan Pâblo quien había llegado el día anterior a bordo de la goleta Leonor, hace su entrada en la ciudad de Santo Domingo, fue recibido. En esta ocasión del Arz. Monseñor Tomás de portes e Infante, elevó la voz saludándole y exclamó: “salve al Padre de la Patria.


El 4 de abril 1844, la Junta Central Gubernativa, dispone que Juan Pablo Duarte, quien días antes había sido nombrado jefe de operaciones en el sur, regresara a la capital.


El 12 de abril 1844, El general Juan Pablo Duarte rinde cuenta ante los miembros de la junta Central Gubernativa de lo que había gastado, después de ser retirado de Baní a donde había sido enviado en calidad de Jefe de operaciones militar.


El 24 de junio 1844, el general Juan Pablo Duarte delegable del gobierno en el Cibao, llega a Cotuí, donde es objeto de una entusiasta recepción.


El 25 de junio 1844, la ciudad de la Vega una explendida recepción a Juan Pablo Duarte.


El 7 de marzo 1865, Juan Pablo Duarte declara en carta su pleno respaldo al Gobierno Restaurador y a la total autonomía de la nación.


El 15 de julio 1876, deja de existir para siempre Juan Pablo Duarte en Venezuela.


El 16 de abril 1884, El Congreso Nacional resuelve que por cuenta público se comprara una casa, la cuál sería regalada, en nombre de la Nación, a los hermanos del General Juan Pablo Duarte a saber; Manuel Duarte y la señorita Rosa y Maria Francisca Duarte, a la vez dispone una pensión de $15.00 pesos mensuales a cada uno de dichos hermanos.

El 25 de octubre 1888, muere Rosa Duarte, en Caracas, Venezuela, era hermana del patricio Juan Pablo Duarte y Díez.

domingo, 28 de junio de 2009

Francisco Alberto Caamaño


La familia Caamaño se originó en nuestro país al final del siglo XIX, cuando varios hermanos emigrantes españoles (Pedro, Alejandro, Ramiro y Alvaro Caamaño Sanjurjo) se establecieron en la Región Sur. Los dos primeros se fueron hacia otros países latinoamericanos, en cambio, los dos últimos se radicaron en San Juan de la Maguana, casadps con dos hermanas banilejas de apellidos Medina Báez. Alvaro Caamaño Sanjurjo fue el padre del teniente general Fausto Caamaño Medina, quien llegó a ser Secretario de Guerra y Marina durante la tiranía de Trujillo, quien junto a la señora Enerolisa "Nonín" Deñó, procrearon a Francisco Alberto, nacido el 11 de junio de 1932, en Santo Domingo.


Francis Caamaño inició su carrera militar en la Marina de Guerra y luego continuó en el Ejercito Nacional y la Fuerza Aérea. Se desempañó también en la Policia Nacional, ascendiendo hasta el rango de Coronel. . Efectuó cursos de entrenamiento en Estados Unidos en 1954, en Panamá y en su país, entre 1954 y 1960. Fue trasladado a la Policia Nacional con rango de mayor en 1960, siendo designado jefe de adiestramiento y comandante de efectivos contramotines en 1962. En esa posición comandó la acción de Palma Sola, donde fue herido. En 1964, con rango de teniente coronel, ocupó la comandancia de Radio Patrulla. Ese mismo año, se unió al grupo conspirativo que dirigió el coronel Fernández Domínguez, que tenía como objetivo el derrocamiento del régimen de facto de Reid Cabral y el retorno al orden constitucional desaparecido en Sept. de 1963, cuando fue derribado el gobierno de Juan Bosch.

Al estallar la revuelta del 24 de Abril de 1965, Caamaño ocupó una posición de importancia y tres días después era el lider indiscutible de la Guerra de Abril El 3 de mayo, fue designado por el Congreso, Presidente de la República . El conflicto político y militar culminó el 3 de septiembre de 1965, con la firma del Acta de Reconciliación y luego de varios atentados (entre otros, el brutal ataque que recibió cuando se encontraba en Santiago en el Hotel Matún, el 19 de diciembre de ese año, junto a varios compañeros) aceptó en 1966 salir del país como agregado militar en Londres, Inglaterra.

Para entender el cambio operado en este militar de carrera que se puso del lado del pueblo, y terminó entregando su vida en los altares de la Patria, haremos un breve relato histórico de la Rep. Dominicana sin Trujillo. La eleccion del profesor Juan Bosch a la cabeza del Partido Revolucionario Dominicano, su derrocamiento 7 meses después, las luchas por devolver al país al orden democrático y la lucha armada contra los militares golpistas del Triunvirato. La invasion yanqui y la guerra de abril. Caamaño como revolucionario: (comandante Román) su idea de formar un Frente Patriótico. Su estadía en Cuba donde inició entrenamiento guerrillero con la idea de ingresar en territorio dominicano para comenzar una nueva guerra de liberación nacional. Finalmente el desembarque en 1973 en Playa Caracoles al frente de 9 hombres. Su muerte física días después, junto a Heberto G. Lalane y Alfredo Pérez Vargas, en Nizaíto, San José de Ocoa, luego de ser capturado con vida, el 16 de febrero de 1973, a los 41 años de edad.

La era post-trujillista es sin duda la de la continuidad. Las energías del pueblo dominicano son orientadas hacia una campaña electoral que culmina en diciembre del 62. Los candidatos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) alcanzan la presidencia y la mayoría de las Cámaras legislativas. Las medidas populares de este gobierno encabezado por el prof.Juan Bosch, provocaron la ira de las elites trujillistas; 7 meses después el gobierno es derrocado y reemplazado por un triunvirato de civiles manipulados por los militares golpistas. El movimiento 14 de junio, aglutina lo mas avanzado de los y las dominicanas y asumen el compromiso de enfrentar al enemigo. Guerilla, huelgas de obreros y estudiantes son una especie de ensayo de ese esfuerzo popular por el retorno a la constitucionalidad, o sea la gesta heróica del 24 de abril de 1965.

El papel más glorioso y decisivo en aquella jornada revolucionaria fue desempeñada por uno de los grandes hijos de la patria dominicana: el coronel Francisco Caamaño. Este se elevó por encima de su pasado y de su extracción social para ponerse a la cabeza de las fuerzas populares hasta llevarlas a escribir una de las páginas más brillantes de la historia nacional.

La aplastante derrota del aparato militar tradicional fue la señal esperada por los goberantes norteamericanos para ordenar la tercera invasión militar a esa nación contra el territorio dominicano en el siglo pasado. La jornada revolucionaria del 65 es frenada por esta invasión que impide realizar el retorno a la constitucionalidad. Pero lo que no pudo evitar fue que el pueblo tomara conciencia de quienes eran sus verdaderos enemigos y así alcanzara una madurez política muy alta. Los aliados y los adversarios de la emancipación dominicana quedaron evidentes.

Caamaño al concluir esta jornada comprendió el papel histórico que le correspondía e inicia su capacitación política. Vió un ejemplo luminoso en la Revolución cubana y estudiando el materialismo dialectico emprende la tarea de continuar lo que el pueblo en medio de los combates del puente Duarte y enfrentando al extranjero invasor hacia ya comenzado, o sea la segunda y definitiva liberación del pueblo dominicano.

Caamaño intenta crear desde el exterior un Frente Patriotico que aglutinara a todos los sectores y fuerzas políticas presentes en la jornada de Abril. Vano empeño, pues falto de experiencia en el terreno puramente político y a su honestidad personal extrema comprendió luego que no todos los dirigentes politicos dominicanos tenian por el pueblo el mismo interés que reflejaban sus palabras.

Entre el acoso de los seudos dirigentes políticos que querian aplazar de manera indefinida las acciones en pos de la liberación, puesto que no querian alterar sus respectivas cómodas y seguras posiciones y el de la CIA, Caamaño persiste en crear el Frente Patriotico con el PRD, el Mov. Rev. 14 de junio, el Partido Comunista Dominicano y el Movimiento Popular Dominicano. Pero el PRD y su grupo dirigente de corte liberal y anti-comunista, demócrata pero burgués, no está dispuesto a emprender una revolución nacional liberadora porque de seguro ésta llevaría en sus costados el gérmen del socialismo.

Los otros partidos de izquierda, se debaten en esos momentos en las estériles posiciones pro-chinas y pro-sovieticas, dejando en segundo plano la prioridad de la liberación nacional.

Caamaño trata de organizar una fuerza militar que liberara a la nación dominicana del gobierno del doctor Joaquin Balaguer y de los grupos paramilitares que ejercieron el terror entre la población dominicana: no había otra alternativa que la lucha armada, dejarse matar o defenderse, venderse al enemigo o luchar, humillarse o ser digno.

Fue el sector más avanzado del Movimiento Revolicionario 14 de Junio encabezado por Amaury Germán quien apoyo los planes de Caamaño de atacar a la dictadura de Balaguer. Los rebeldes, para evitar la represión salen del país a recibir entrenamiento en el exterior, esto provoca cierto aislamiento y la ruptura definitiva de las comunicaiones. En 1971, el 12 de Enero, muere en combate Amaury Germán, su muerte es un rudo golpe para todo el movimiento revolucionario dominicano y así se desarticula la organización, la deserción es masiva y las cualidades de organizador de Amaury hacen cruelmente falta.

Frente a la embestido de los yanquis y la complacendia del gobierno de Balaguer en fortalecer las posiciones yanquis al mismo tiempo que debilitaba al movimiento revolucionario, Caamaño visualiza que el momento es decisivo, en 1972 ya estaba vigente la doctrina Nixon. Frente a la falta de un movimiento articulado y capaz de enfrentar al enemigo, Caamaño decide crear un hecho militar con la guerrilla para así encender la lucha popular generalizada dentro del país.

PLAYA CARACOLES

Así se origina lo que nuestro pueblo ha dado en llamar "Playa Caracoles" . Intento de guerrilla que fracasó a los pocos días y culminó con el asesinato de la mayoría de sus integrantes. Sus antecedentes están en las huelgas azucareras de 1946, en las manifestaciones del Partido socialista Popular y la Juventud Democrática, pasando por Cayo Confites, Luperón y Constanza y renovandose en Manaclas, Abril y el 12 de Enero. Nutrido por el ejemplo de aquellos héroes y mártires que, a pesar de los reveses momentáneos, siempre supieron convertirlos en victorias del pueblo por las inquietudes que despertaron y las conciencias que formaron.

Gregorio Luperón


Restaurador y patriota nativo de Puerto Plata. Nació en el año de 1839. Hijo de Nicolasa Luperón una inmigrante de color inglesa, dueña de un ventorrillo y para quién de niño, tuvo que vender piñonate en una bandeja por las calles, para ayudar al sostenimiento del hogar. Aprendió primero el inglés, lengua que se hablaba en su casa, que el español. Cuando apenas tenía catorce años, mostraba una fuerza de carácter y una dedicación al trabajo de hombre hecho y derecho, lo que hizo que Pedro Eduardo Dubocq, comerciante establecido en Puerto Plata, lo encargara de dirigir los trabajos de cortes de madera que tenía en Jamao. Desempeñó este trabajo a cabalidad, aprovechando además la biblioteca existente en la casa de campo que el señor Dubocq poseía en el lugar, para cultivar su espiritu.

Teniendo solamente vientidos años cuando se produce la anexión, el joven Luperón siente en lo más íntimo de su ser, la rebeldía contra el nuevo estado de cosas y, solo, castiga a los malos dominicanos que se atreven, en su presencia, a menospreciar lo dominicano. Habiéndole dado una paliza a uno de éstos, fue hecho preso pero escapó de la cárcel, buscando refugio en Haití desde donde se trasladó a los Estados Unidos. Poco tiempo después regresó clandestinamente por Monte Cristi, tomando parte en el levantamiento de Sabaneta en 1863.

Derrotados los insurrectos, se retiró a las montañas y desde ellas buscó refugio en La Vega, fomentando clandes­tinamente la rebelión, hasta que, después del Grito de Capotillo se uniera al sitio de Santiago, dándosele la jefatura de un Cantón y poco después el rango de General. Hombre de un "valor fabuloso" como fue calificado siempre, descolló de inmediato de entre sus compañeros, por su acen­drado patriotismo y por su combatividad iniciativa en la acción. Reconocidos sus méritos por el Gobierno de Santiago, se le designó Jefe Superior de Operaciones en la Provincia de Santo Domingo, donde debía enfrentar al grueso del ejército español, comandado por Pedro Santana.

Las grandes dotes de guerrero de Luperón fueron puestas de manifiesto en la campaña que llevó a cabo contra el poderoso y disciplinado ejército español, puesto que en inferioridad de hombres, de armas y de medios, supo desarrollar una guerra de guerrillas que desgastó a la poderosa fuerza española.

Independiente en la forma de llevar la guerra se malquistó con sus superiores por lo que se le relevó del mando. Regresó a Santiago, dondé aceptó el cargo de Vicepresidente de la Junta Gubernativa. Restaurada la República regresa a su pueblo rodeado de la admira­ción y el cariño del pueblo dominicano que reconoce en él, al más íirme paladín de los ideales patrios. Desde allí se opone al regreso al poder de Báez y es expulsado del país, pero a los pocos meses está nuevamente de regreso integrando el movimento llamado del Triunvirato que en poco tiempo derroca a Báez y se hace gobierno.

Disuelto el Triunvirato en 1866 en favor de la constitucionalidad, asume la Presidencia de la República el General José María Cabral.

Derrocado el gobierno de Cabral en 1868, Luperón se ve obligado a salir de la República, desde donde despliega una intensa campaña de oposición a las pretensiones anexionistas de Báez y logra preparar una expedición, llamada del Telégrafo, por el nombre del barco que se utilizó para la misma. Fracasada la expedición revolucionaria por la intervención de los Estados Unidas, tuvo que alejarse de las costas dominicanas. Sin embargo, ante la inminencia de la posible anexión a los Estados Unidos, Luperón no desmaya en su lucha contra Báez y los anexionistas, recabando el apoyo de la opinión pública latinoamericana y enviando protesta tras protesta al Senado de los Estados Unidos.

Expulsado Báez del poder por la Revolución Unionista en 1873, pudo Luperón retirarse a Puerto Plata, aunque manteniéndose siempre alerta, para defender la integridad de la República y la libertad ciudadana. Al ascender al poder Ulises Espaillat, Luperón accede a desempeñar el cargo de Ministro de Guerra y Marina por entender que debía cooperar con un gobierno respetuoso de los derechos ciudadanos, presidido por un pa­triota esclarecido como Don Ulises Espaillat. A pesar del decidido apoyo de Luperón, el Presidente Espaillat se vio obligado a renunciar.

Nuevamente exiliado, Luperón debe esperar más de dos años, que sus antiguos enemigos González y Báez se alternen en el poder para regresar nuevamente a la patria.
Al ser derrocado el gobierno de Césareo Guillermo, se establece un gobierno Provisional presidido por Luperón, con sede en Puerto Plata, que, durante los catorce meses de su ejercicio, trajo la paz, la libertad y el progreso al pueblo dominicano, llevando al país a unas elecciones limpias en 1880 en que fue electo Presidente de la República el Presbítero Fernando Arturo de Meriño, respaldado por Luperón, que más tarde se retiró a Europa siendo designado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Regresado al país es nombrado Delegado del Gobierno en el Cibao durante el régimen de Francisco Gregorio Billini y así al renunciar éste en 1885, se encuentra del lado del Vicepresidente Alejandro Woss y Gil.

Al estallar la revolución en 1886, desde su cargo Luperón se enfrenta a ésta en Puerto Plata contribuyendo al triunfo de Ulises Hereaux y la ascensión de este a la Presidencia en 1887.

Arrepentido, tempranamente, al darse cuenta del carácter y las inten­ciones dictatoriales de Lilís, se va al exterior a combatirlo, pero no pudo realizar una campaña efectiva, por la falta de apoyo del Gobierno Haitiano. Enfermó de gravedad en Saint Thomas y fue buscado por el mismo Ulises Hereaux, muriendo en su pueblo natal el 21 de mayo de 1897.

sábado, 27 de junio de 2009

Salomé Ureña



Salomé Ureña, la más insigne de nuestras poetisas, descendía de dos familias dominicanas muy antiguas: la familia Ureña y la familia Díaz. Ambas eran familias empobrecidas a causa de las vicisitudes de la Isla de Santo Domingo. Todos los antecesores de Salomé eran dominicanos, excepto unos que vinieron de Canarias en el siglo XVIII. Quizás los Ureña procedían de Santiago de los Caballeros.

Francisco Ureña, padre de Nicolás Ureña de Mendoza, era hijo de Carlos de Ureña y de Catalina Mañón, perteneciente a una familia que había sido rica y había tenido esclavos que tomaron su apellido. Se casó con Ramona de Mendoza, de Santiago de los Caballeros. Francisco Ureña era dueño de una buena casa de altos, situada en la calle de las Mercedes, entre la del Estudio (actual calle Hostos) y la de los Mártires(actual calle Duarte).

Nicolás Ureña de Mendoza, padre de Salomé, nació el 25 de marzo de 1822, en la casa No.37 de la calle Mercedes. Fue un hombre de espíritu elevado y gran cultura. Desde muy niño comenzó a escribir versos.

Fue poeta, abogado de buena reputación, ocupó cargos de Senador y de Magistrado y se dedicó al magisterio y al periodismo. Tuvo una vida fecunda y abarcó todos los aspectos de la vida cultura en Santo Domingo. Entre sus poesías están El Guajiro Predilecto, que es del tipo de nuestros cantos populares;Recuerdos de la Patria, A Sánchez. Escribió canciones como Las Serranas; algunas Pastorelas y poesías de asuntos religiosos. Se complacía en hacer epigramas y dejó una serie con el título de Epitafios. Abarcó, pues el género popular, el culto, el costumbristas y la oratoria. Murió el 3 de abril de 1875 en la misma casa en que nació.

Gregoria Díaz y León, la madre de Salomé, nació el 25 de diciembre de 1819 y murió en 1914; era hija de Pedro Díaz y Castro, hombre de grandes negocios y que tuvo hatos y muchas tierras en el Este.

Nicolás Ureña de Mendoza y Gregoria Díaz de León, padres de Salomé, celebraron sus nupcias en la ciudad de Santo Domingo, el 25 de diciembre de 1847. Hicieron hogar de la casa No. 37 de la calle Mercedes.

Nacimiento y Primeros Años

Salomé Ureña y Díaz de León nació en la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el viernes 21 de octubre de 1850, a las 6 de la mañana, en el barrio de Santa Bárbara, antiguo solar de buenas familias, en la casa de su abuela materna, hoy calle Isabel la Católica número 84, junto a la casa de Juan Pablo Duarte. El Dr. Pedro Delgado y Ana Díaz de León, "la segunda madre en el hogar", fueron sus padrinos. Su única hermana, Ramona, nació el 26 de octubre de 1843 y murió en Santiago de Cuba en 1936.


La ciudad de su nacimiento era pequeña y tenía acentuado aspecto colonial; estaba rodeada de murallas con foso hacia el campo, y las puertas se cerraban como en el siglo XVI: por lo menos la Puerta del Conde de Peñalba. Muchos edificios estaban en ruinas: la Universidad de los dominicos, el Estudio que había sido Universidad de Santiago de la Paz, el Convento de San Francisco, el de la Merced, la iglesia de San Antón, la iglesia de San Nicolás, el Convento de Regina Angelorum, el Palacio del Almirante Diego Colón, muchas casas particulares. Como los edificios, las familias estaban también arruinadas. Largos años de emigración continua habían empobrecido la ciudad.

El nacimiento de Salomé Ureña ocurrió poco después de la fundación de la República, durante el primer Gobierno de Báez; creció en un ambiente de discordias, entre mil luchas intestinas. Por lo mismo que vivió en una época de tanta agitación, de tan incesantes perturbaciones en el pueblo dominicano, su alma se agrandó con el dolor, y se hizo cada día más fuerte.

Salomé tuvo una niñez muy precoz. Su madre la enseñó a leer: a los cuatro años leía de corrido. Su infancia discurrió en las aulas de dos pequeñas escuelas de primeras letras, únicas permitidas entonces a las mujeres.

Sus lecturas y sus estudios de la adolescencia fueron hechos bajo la dirección de su padre, de quien recibió lecciones de Literatura, Aritmética y Botánica, por la que ella sentía gran pasión. Con su padre aprendió, además, a declamar los versos de sus poetas predilectos. Salomé tenía una "memoria extraordinaria". La cantidad de poesías que sabía de memoria y solía repetir entre sus íntimos, lo mismo que su hermana Ramona, era incalculable.

Vocación Poética

Desde muy temprano comenzó a cultivar su talento poético. A los 15 años escribió versos; a los 17 los publicó por primera vez, calzados con el seudónimo de Herminia, que llegó a ser totalmente conocido.

En 1874 otra "Herminia" aparece firmando un artículo en prosa en el periódico El Centinela. Desde entonces Salomé firma sus versos con su nombre, y alcanza elogios como el de don Marcelino Menéndez y Pelayo, quien escribió que "para encontrar poesía en Santo Domingo hay que llegar a José Joaquín Pérez y a Salomé Ureña".

Las poesías de Salomé Ureña se publicaban generalmente en periódicos de Santo Domingo, y en algunas ocasiones aparecían en periódicos extranjeros.

La antología Lira de Quisqueya recoge diez composiciones suyas. En 1880 se publicó un volumen de sus poesías, patrocinada su publicación por la Sociedad Amigos del País. Este libro contiene treinta y tres composiciones y el poema Anacaona. Tiene un prólogo de Monseñor Fernando A. de Meriño y una biografía de la citada Sociedad, escrita por José Lamarche. En 1920 se hizo una segunda edición de sus versos, más recomendable que la anterior. Tiene un prólogo, anónimo, escrito por su hijo Pedro Henríquez Ureña. En esta edición han sido omitidos el poema Anacaona y nueve composiciones de las que figuran en la edición de 1880.

Patriotismo

Desde muy niña, Salomé Ureña alojó en su corazón la vehemente aspiración de Patria: había heredado de su abuelo y de su padre el sentimiento del patriotismo. Sus primeros años discurrieron en una época alternativa de paz y de guerra. Su infantil espíritu tropieza con la terrible Anexión a la antigua Metrópoli. El espectáculo de la guerra nacionalista contra España y luego las guerras civiles, acrecientan su amor a la Patria y hacen de Salomé la poetisa patriota.

Ella es la primera que canta, por encima de todos los poetas de su época, el progreso y la civilización. Según expresión de César Nicolás Penson, ella "fue poetisa vaticinadora en cuyos épicos cantos predominaba siempre la nota patriótica con los encendidos y vehementes anhelos y alientos de titán. Vidente como los grandes vates de las revoluciones del espíritu, Olmedo, Heredia y Quintana, recogió la herencia de sus estrofas altivas y apasionadas, y sorprendió a la América y al mundo…"

En sus poesías no predomina el elemento puramente literario, sino lo que contribuye a dar mayor grandeza a su Patria. Hostos, al hablar de ella dice: "Cantó todo lo que sentía la sociedad de que formaba parte; y lo cantó con tal fuerza, con tal unción, que parece en sus versos la sacerdotisa del verdadero patriotismo", y agrega; "indudablemente, lo más grande que hay en la poetisa dominicana es la fibra patriótica".

Soñó con el bien de su patria y dedicó sus versos a inclinarla hacia la paz y el progreso. Esta preocupación patriótica llegó a sobreponerse a toda otra idea; sólo le animaba el deseo de hacer llegar su prédica a todos sus compatriotas. A través de su ardoroso patriotismo logra hacernos comprender mejor lo que es patria. En una de sus primeras composiciones al hablar de la patria dice:

¡Oh! Patria, voz divina, sublime y dulce nombre
a cuyo acento el alma palpita de emoción...

Ya para esa época llaman la atención en Santo Domingo y en otros países de la América sus composiciones patrióticas. La nota del progreso y del amor a la Patria es el tema de todas sus poesías desde el año 1873 hasta el 1880.

La fama patriótica de Salomé Ureña alcanza tal altura que, en el año 1878, se le hace una apoteosis y se le entrega una medalla costeada por suscripción pública; y su consagración como la figura más alta del parnaso dominicano queda en nuestros anales cívicos y literarios como una de las más bellas fiestas del espíritu.

Fueron muchos y frecuentes los tributos de admiración y simpatía que mereció en vida Salomé Ureña, sin que por nada se quebrantase su modestia. Fue socia de Mérito y Honor de las Sociedades Amigos del País, de Santo Domingo; de la Fe en el Porvenir, de Puerto Plata; y de casi todas las Asociaciones benéficas, literarias o artísticas de la República. Fue, también, Miembro Honorario del Liceo de Puerto Príncipe, de Cuba, y de la Sociedad Literaria Alegría, de Coro, Venezuela.

Las poesías de Salomé Ureña están impregnadas de honda melancolía. Toda su tristeza proviene no sólo de su temperamento, sino principalmente del caos en que vivió su patria. Siempre torturada por el triste pasado de la República, clama en su poesía A la Patria:

Tú sabes cuantas veces con tu dolor aciago
lloré tu desventura, lloré tu destrucción,
así cual de sus muros la ruina y el estrago
lloraron otro tiempo las hijas de Sión.

Y sabes que, cual ellas, colgué de tus palmares
el arpa con que quise tus hechos discantar,
porque el mirar sin tregua correr tu sangre a mares
no pude ni un acorde sonido preludiar.

Son muchas las poesías de Salomé Ureña que pueden tomarse como ejemplo de ese fervor patriótico que tuvo tan honda influencia en el gran poeta Gastón Deligne, en cuyos versos dedicados a la poetisa muerta hacía esta afirmación y este elogio:

Ella, al menos, mantuvo con su aliento
de una generación los ojos fijos
en el grande ideal. Aún llena el viento
la seductora magia de su acento,
y aún hablará a los hijos de los hijos...

En 1881 comienza a sufrir nuevamente por las desgracias de su patria. Recientes perturbaciones políticas hacen que sus esperanzas patrióticas tengan grandes decepciones. El fracaso moral del gobierno de Meriño, le ocasionó profundo desconsuelo. Sus cantos patrióticos sufren una crisis. La poetisa escribe Sombras, y desde entonces en muy raras ocasiones escribe versos. Pero Sombras no es un vano alarde poético; es un adolorido grito de patriótica angustia. La decepción política es estímulo para la creación de un plantel educativo que contribuya a cambiar la sombría faz del País: el Instituto de Señoritas.

Es curioso y sorprendente el caso de que una poetisa del estro de Salomé Ureña pudiera abandonar su lira por tan largo tiempo. Este silencio puede interpretarse como una protesta de su patriotismo. Esa tácita renuncia a los triunfos poéticos, engrandece aún más a esta mujer de fuerte espíritu, "apasionada de la patria", que prefirió sacrificar los laureles de la poesía antes que volver a inspirarse en las crecientes desventuras de su patria.

Ya lo dijo en versos dedicados a Billini:

Que si mi pobre lira
calla ante el vicio y la maldad del hombre,
siempre lo grande admira...

Ella esperaba, para tomar el "arpa abandonada",

despertar a la fe y a la confianza
y tras la noche de dolor, sombría,
cantar la luz y saludar el día.

Salomé en el Hogar

Desde el año 1860 hasta 1880, Salomé Ureña fue a vivir, siempre con su madre y con su hermana Ramona, y además con Teresa de León y de la Concha y Ana Díaz León, a la casa No. 56 de la calle 19 de Marzo. Su educación doméstica la recibió de su madre y de su tía Ana (Nana), "la segunda madre en el hogar".

La madre de Salomé era católica practicante, pero no fanática. Ramona y Salomé se formaron en una atmósfera de fe cristiana, y asistía a la iglesia con su madre todas las mañanas, durante su primera juventud. Luego las obligaciones del hogar no les permitieron ir a misa sino los domingos. El ex-Convento Dominico era la iglesia que acostumbraba visitar. Allí vio a Salomé, por primera vez, Francisco Henríquez y Carvajal, quien atraído por la fama de la poetisa, acompañado de un amigo se dirigió al ex-Convento en interés de conocerla. El amigo le señaló a las dos hermanas, pero no supo decirle cuál de ellas era la excelsa poetisa.

Desde la infancia, Salomé fue muy emotiva. Sufría por todo. Se le veía llorar sin motivo aparente. Esta disposición del ánimo perduró en ella toda la vida. Era noble de sentimientos y "su modestia fue tan grande como su mérito". Fue mujer de su casa. Soltera, pocas veces traspasaba los linderos de su hogar. No salió nunca del país, como ella misma lo dice:

Así, aunque de otras playas jamás me vi en la arena
ni de otros horizontes las líneas contemplé...

Sin embargo, a su hogar acudían altas mentalidades nacionales y extranjeras que rendían tributo de admiración a la ya esclarecida poetisa quisqueyana. El distinguido poeta venezolano Juan A. Pérez Bonalde, autor de la sentida poesía La vuelta al hogar, de paso por nuestra Ciudad Primada fue a rendir su homenaje de simpatía y de admiración a Salomé; departieron amigablemente y él le recitó lleno de emoción, húmedos los ojos por las lágrimas, la poesía en la cual describe, con intenso dolor, su triste llegada al hogar, cuando llamado por su madre enferma la encontró sin vida.

Años más tarde, Salomé Ureña leía conmovida esa poesía a sus discípulas amadas y les decía: "Quisiera que la hubierais oído recitada por sus labios..."

Era afectuosa, con todos sus familiares, sentía gran entusiasmo por su padre, a quien quería entrañablemente; entusiasmo que ni la muerte disminuyó:

Hoy, al entrar en tu mansión doliente,
donde reina silencio sepulcral,
nadie a posar vendrá sobre mi frente
el beso del cariño paternal.

Ninguna voz halagará mi acento,
ni un eco grato halagará mi oído:
sólo memorias de tenaz tormento
tendré a la vista de tu hogar querido.

A pesar de que su hogar fue enturbiado con la separación de sus padres, cuando ella apenas tenía dos años de nacida, en su corazón éstos estuvieron siempre unidos. Ella vivió junto a su madre, pero diariamente visitaba la casa de su padre, a cuya muerte escribió una composición titulada A mi padre, en la que se muestra tal como era, y en que deja ver la profunda admiración y la ternura de su cariño por su progenitor.

En 1880 contrajo matrimonio con Francisco Henríquez y Carvajal, que andando el tiempo sería Presidente de la República. El 3 de diciembre de 1882, como para bendecir su hogar-escuela, y para que Salomé pudiera ostentar la sublime trinidad de poetisa, educadora y madre, nació el anhelado primogénito (Francisco):

Los cielos se inclinaron
y descendió al hogar, entre armonías,
el ángel que mis sueños suspiraron
nuncio de bendiciones y alegrías...

Salomé no descuidó sus deberes de madre por los del magisterio. Sus discípulas recuerdan que la cuna del primogénito siempre estuvo cerca de la madre:

Allí duerme feliz, y no distante
yo de un libro las páginas hojeo;
levanto la cabeza a cada instante,
le contemplo dormir y al fin no leo.

La inscripción del Instituto era cada día más numerosa y resultaba estrecho aquel local. Familia y escuela se instalaron entonces en la calle de la Esperanza, hoy Luperón, esquina Duarte. Allí nacieron sus hijos Pedro y Maximiliano.

En 1884 nace Pedro Nicolás, su segundo hijo. A los cinco meses de nacido le sobreviene mortal enfermedad. Una de las discípulas predilectas de Salomé, Mercedes Laura Aguiar, recuerda la terrible y conmovedora escena: el niño en brazos de Monseñor Meriño para recibir las aguas del bautismo; su madre de rodillas en el suelo rogando a Dios que le salvara su hijo; los demás, todos en silencio. Llega el Dr. Juan Francisco Alfonseca y tomando al niño en sus brazos dice: "Monseñor, unos minutos a la ciencia". Después de algunas horas de terrible ansiedad, la fiebre cede y el niño se salva milagrosamente.

En Horas de Angustia la madre pinta maravillosamente este cuadro:

Sin brillo la mirada,
bañado el rostro en palidez de muerte,
casi extinta la vida, casi inerte
te miró con pavor el alma mía
cuando a otros brazos entregué, aterrada,
tu cuerpo que la fiebre consumía...

En 1887 escribe su poesía ¿Qué es Patria?, inspirada en una pregunta que le hiciera su hijo Pedro, quien sólo contaba tres años: Mamá, ¿qué es Patria? Y ella responde:

¿Qué es Patria? ¿Sabes acaso
lo que preguntas, mi amor?
Todo un mundo se despierta
en mi espíritu a esta voz...

La poetisa se complacía en leerles a sus discípulas las composiciones que escribía. Una mañana las reunió y llena de emoción, con voz ahogada por el llanto, les leyó Tristezas, poesía escrita la noche anterior, inspirada en las palabras del dulce primogénito, cuando ya en la cama después de terminar sus oraciones, recordando al padre ausente exclamó:

¿Tú no te acuerdas, mamá?
¡El sol qué bonito era
cuando estaba aquí papá!

Cuatro años duró la ausencia del esposo, que había ido a Francia a perfeccionar sus estudios de Medicina. Cuatro años de angustias para la madre educadora. Aquella mujer de ánimo fuerte y de voluntad superior, vaciló abatida por la ausencia del esposo ante la terrible idea de perder a uno de sus hijos. Ese estado de espíritu, le inspiró su poesía Angustias.

La horrorosa enfermad del crup [difteria, gatorrilo, del inglés 'croup'] se desarrolló en esta ciudad. El suero salvador no había sido descubierto y era casi seguro que el niño que fuera atacado por la epidemia mortal, sucumbiría.

Desgraciadamente, su hijo Pedro contrajo la terrible enfermedad. Otro milagro fue realizado al ser salvado de ella, por el Dr. Alfonseca, quien años antes lo había librado de la muerte. Dos veces estuvo su hijo Pedro al borde de la tumba. En esta ocasión no fueron pocas las angustias de la madre ante el niño moribundo.

Salomé sentía vivo placer en la educación de sus hijos. A todos les enseñó a querer a su patria. Ese amor creció con la maternidad y los infundió en el espíritu de sus hijos.

El 9 de abril de 1894 nació Camila, su única hija. Mientras tanto, ella luchaba con la muerte, atacada de fuerte neumonía. Rebasó la gravedad, pero su salud quedó minada para siempre. Aparente restablecida de esa enfermedad, escribió su poesía Umbra-Resurrexit:

Umbra
La mirada sin luz, la mente ansiosa,
corto el aliento al pecho,
en ruda agitación se va la vida...
Allá perderse en la penumbra vaga
miro las prendas del hogar benditas,
mis hijos, en su cándido abandono,
ajenos al amago
de la suerte sobre ellos suspendida,
y tú, de pie, bajo el dolor inmenso,
nublada por el llanto la pupila.

Resurexit
Brota la luz en deslumbrantes ondas,
el aire al pecho fluye,
el espíritu absorto se reanima,
y cunde y se dilata en las arterias
el ritmo palpitante de la vida
Y bajo el ala cándida que extiende
sobre el hogar en gozo
ángel nuevo de paz que el cielo brinda,
surgiendo victorioso de las sombras
el cuadro de mi amor esplende al día.

Durante su quebranto, el esposo la hizo abandonar la ciudad natal, hacia Puerto Plata. Al pasar frente a San Pedro de Macorís, el poeta y crítico Rafael A. Deligne la saludó con sus versos Alondra que viaja, que comenzaban así:

No vi su marcha, ni cruzó mi puerta;
mas es su vuelo tal, que el alma mía
se estremeció, despierta a la armonía,
de tanta gloria al esplendor despierta.

Que el genio, aunque se oculte, y viaje solo,
astro inmortal, o puro ser divino,
deja de luz un rastro, peregrino,
más que la aurora con que irradia el polo!...

Puerto Plata fue para ella delicioso oasis. Al llegar, Antera Mota de Reyes la saludó con una extensa y bella página en prosa, Bienvenida. Rodeada de cariños y atenciones y colmada de homenajes de admiración, pasó allí una feliz temporada que alivió su espíritu, pero no detuvo en su carrera la mortal enfermedad. Allí terminó su poesía Mi Pedro, que tenía inconclusa desde 1890.

Femineidad

Salomé Ureña fue extremadamente femenina. Hostos, el Apóstol Antillano, al hablar de ella en una breve biografía, dice: "Los tributos poéticos de Salomé Ureña a los afectos, a los seres queridos, al hogar, a su digno esposo y a sus hijos, forman una serie de composiciones extraordinariamente subjetivas, pues todas juntas sugieren la certidumbre de que la poetisa era además una mujer; no hay ninguna de ellas que no sugiera algún sentimiento delicado, alguna recóndita sonrisa de complacencia, algún noble estímulo para la vida, alguna de esas tristezas reconfortantes que sirven de séquito, y a veces de ovación, al mérito moral e intelectual desconocido".

Como Juan Nicasio Gallego al estrenarse uno de los dramas de la Avellaneda, ¡Es muy hombre esa mujer!, exclama Alejandro Angulo Guridi en un arranque de entusiasmo al oír la composición de Salomé, A mi patria, leída por Francisco Henríquez y Carvajal en la velada de la Sociedad Literaria Amigos del País en que se le confirió una medalla. Cuando Angulo Guridi exclama: ¡Es muy hombre esa mujer!, no se refiere a odiosos rezumos de masculinidad, a manifestaciones de bastarda masculinidad en sus versos, sino a la majestad de su inspiración; hombre también en la grandeza de la acción, pero femenina siempre en su actitud.

En la Escuela

Durante los años 1878 y 1879 se dedicó Salomé Ureña a ampliar su cultura científica y literaria. Francisco Henríquez y Carvajal, admirador del talento de la poetisa, cuyo nombre volaba ya en alas de la fama, la ayudó a completar su educación, y contrajo matrimonio con ella, en febrero de 1880, como se ha dicho antes.


En 1879 había llegado a la República Eugenio María de Hostos, a quien se le encomendó la organización de la Escuela Normal de Santo Domingo, en 1880, y de quien fue Francisco Henríquez y Carvajal activo colaborador.

Animada en su ideal por el compañero de su vida, fundó el 3 de noviembre de 1881 el Instituto de Señoritas, primer plantel femenino de Enseñanza Superior en la República, sin duda la escuela de mujeres más importante que ha habido en el país. Fue inaugurado con sólo 14 alumnas. Su consagración al magisterio fue tan radical que prefirió las duras glorias de éste, antes que los laureles de la poesía. Ya lo dijo Hostos: "La mujer quisqueyana no ha tenido reformadora más concienzuda de la educación de la mujer".

El Instituto de Señoritas ofrece un rápido triunfo espiritual, y en abril de 1887 se celebra la investidura de las seis primeras maestras: Leonor M. Feliz, Mercedes Laura Aguiar, Luisa Ozema Pellerano, Ana Josefa Puello, Altagracia Henríquez Perdomo y Catalina Pou. En aquella ocasión, en que Hostos pronunció uno de sus más bellos discursos, Salomé Ureña rompe su silencio y escribe la historia de sus aspiraciones y de sus esfuerzos en Mi ofrenda a la Patria. Como a la noche sigue el día, esta poesía es, en su alma de patriota, como la esplendente continuación de Sombras:

¡Hace ya tanto tiempo! Silenciosa,
si indiferente no, Patria bendita,
yo he seguido la lucha fatigosa
con que llevas de bien tu ansia infinita...

El Instituto de Señoritas fue por largos años dulce y fecundo hogar para sus discípulas. La Maestra amada era madre y confidente de aquellas niñas "templadas al calor de sus anhelos". Gastón Deligne lo dijo en versos soberanos:

¡Fue un contagio sublime! Muchedumbre
de almas adolescentes la seguía
al viaje inaccesible de la cumbre
que su palabra ardiente prometía...

Después de la investidura de las primeras Maestras Normales, fue Francisco Henríquez y Carvajal a Europa a perfeccionar sus estudios de Medicina, como se ha indicado anteriormente. Salomé se quedó al frente del Instituto de Señoritas. Sus discípulas graduadas la ayudaban en la faena.

Dos grupos de maestras invistió, examinadas ante la Escuela Normal, siempre dirigida por el Sr. Hostos. Cuando el Dr. Henríquez regresó de Europa, el 6 de julio de 1891, encontró tan desmejorada la salud de su esposa y tan agotadas sus fuerzas que poco tiempo después la convenció de que necesitaba descansar. En diciembre de 1893 fue clausurado el memorable Instituto de Señoritas. El instituto permaneció cerrado hasta enero de 1896, en que fue nuevamente abierto. La reapertura se debió a las hermanas Luisa Ozema y Eva Pellerano Castro. Después de muerta la poetisa, sus discípulas le dieron al Instituto el nombre de Salomé Ureña.

La Muerte

La vida de Salomé Ureña de Henríquez se resume en dos hechos esenciales: soñó con el bien de su patria y dedicó sus versos a encaminarla hacia la paz y el progreso; después creyó que esto no bastaba, y se dedicó a la educación de la mujer. Hay dos momentos culminantes en su vida: el día en que se le entrega una medalla costeada por suscripción pública, como homenaje a la cantora del ideal de una patria mejor; el día en que se gradúan sus primeras discípulas, prenda de algo que ayudaría a hacer mejor el destino de la patria.

Su vida es corta; cuando va a gozar del necesario descanso, enferma para morir [de tuberculosis]; y este final inesperado conmueve a toda la República.

El angustioso proceso de su muerte se inició en enero de 1897. El día dos regresó de Puerto Plata a Santo Domingo. El día ocho se sintió decaer, y a los quince días se agravaba: asistíanla los doctores Ramón Báez, Salvador B. Gautier y J.F. Alfonseca. El esposo ausente llegó de Haití el siete de febrero. Se redoblaron los esfuerzos de la ciencia y del cariño hasta lograr apartarla por unos días de la tumba.

Murió rodeada del cariño de todos, el día 6 de marzo de 1897. Su entierro fue una manifestación cívica. Le dieron sepultura en la iglesia de las Mercedes. "Ante su tumba -exclama don Arturo Pellerano Alfau- el corazón se llena de congojas y la palabra se anuda en la garganta" y agrega: "Para su cuerpo es bastante ese lecho de tierra donde va a dormir el sueño eterno, pero para su gloria son ya pequeños los ámbitos de América". "Mujer de la Biblia", la llamó César Nicolás Penson. Y el grande amigo de la poetisa, el poeta José Joaquín Pérez, recitó conmovido sus más dolientes versos ante la tumba de la excelsa cantora:

Cuanto en su lira enalteció, se inclina;
cuanto su alma adoró con fe, la llora:
apagado está el sol y nada brilla:
todo se desvanece y descolora...

De ella dijo entonces el ilustre autor de Enriquillo, Manuel de Jesús Galván: "El cuerpo yace inerte; será polvo mañana; pero ella, el espíritu que vibraba en las cuerdas de armoniosa lira, que palpita a la sentida inspiración de los santos amores, que se exhala en ritmos de ternura, aspirando a la imposible realización, en este mundo de sus ensueños de virtud y de bien, ese no muere nunca. Ese espíritu, que animó a la ilustre poetisa dominicana, está hoy más vivo que ayer, y reposa complacido en el seno de la inmortalidad".

Los periódicos de aquella época están llenos de artículos, versos y discursos, dedicados a la muerte de Salomé Ureña. Hostos, en una emocionante carta que dirigió desde Chile a Don Federico Henríquez y Carvajal, le decía: "¡Hay que llorarla!, son muchos los que estaban interesados en su vida: la patria, que no tuvo corazón más devoto; su discipulado, que no tuvo mejor luz; la mujer quisqueyana, que no ha tenido reformadora más concienzuda de la educación de la mujer; su familia, que no tenía mejor ambiente que el de aquellas virtudes morales y sociales tan sencillas; sus coetáneos, que no pudieron tener centro mejor en donde confluyeran tantas admiraciones motivadas, como en aquel cuerpo débil y alma fuerte, que era a la vez una sacerdotisa en el aula, una pitonisa en el arte, un mentor en el hogar".

Ninguna muerte ha producido en la República sentimientos tan hondos. La muerte de Salomé Ureña fue duelo para todos los dominicanos. La lloraron de tal modo que le hicieron decir a Hostos, el Apóstol Antillano, su ferviente admirador, estas palabras memorables: casi se puede haber soportado la vida, con tal de morir entre corazones tan amigos.

Mi Pedro no es soldado; no ambiciona

de César ni Alejandro los laureles;
si a sus sienes aguarda una corona,
la hallará del estudio en los vergeles.

¡Si lo vierais jugar! Tienen sus juegos
algo de serio que a pesar inclina.
Nunca la guerra le inspiró sus juegos:
la fuerza del progreso lo domina.

Hijo del siglo, para el bien creado,
la fiebre de la vida lo sacude;
busca la luz, como el insecto alado,
y en sus fulgores a inundarse acude.

Amante de la Patria, y entusiasta,
el escudo conoce, en él se huelga,
y de una caña, que transforma en asta,
el cruzado pendón trémulo cuelga.

Así es mi Pedro, generoso y bueno,
todo lo grande le merece culto;
entre el ruido del mundo irá sereno,
que lleva de virtud germen oculto.

Cuando sacude su infantil cabeza
el pensamiento que le infunde brío,
estalla en bendiciones mi terneza
y digo al porvenir: ¡Te lo confío!


El Ave y el Nido

Por qué te asustas, ave sencilla?
¿Por qué tus ojos fijas en mí?
Yo no pretendo, pobre avecilla,
llevar tu nido lejos de aquí.

Aquí, en el hueco de piedra dura,
tranquila y sola te vi al pasar,
y traigo flores de la llanura
para que adornes tu libre hogar.

Pero me miras y te estremeces,
y el ala bates con inquietud,
y te adelantas, resuelta, a veces,
con amorosa solicitud.

Porque no sabes hasta qué grado
yo la inocencia sé respetar,
que es, para el alma tierna, sagrado
de tus amores el libre hogar.

¡Pobre avecilla! Vuelve a tu nido
mientras del prado me alejo yo;
en él mi mano lecho mullido
de hojas y flores te preparó.

Mas si tu tierna prole futura
en duro lecho miro al pasar,
con flores y hojas de la llanura
deja que adorne tu libre hogar.

La Llegada del Invierno

Llega en buen hora, más no presumas
ser de estos valles regio señor
que en el espacio mueren tus brumas
cuando del seno de las espumas
emerge el astro de esta región.

En otros climas, a tus rigores
pierden los campos gala y matiz,
paran las aguas con sus rumores,
no hay luz ni brisas, mueren las flores,
huyen las aves a otro confín.

En mi adorada gentil Quisqueya,
cuando el otoño pasando va,
la vista en vano busca tu huella:
que en esta zona feliz descuella
perenne encanto primaveral.

Que en sus contornos el verde llano,
que en su eminencia la cumbre azul,
la gala ostentan que al suelo indiano
con rica pompa viste el verano
y un sol de fuego baña de luz.

Y en esos campos donde atesora
naturaleza tanto primor,
bajo esa lumbre que el cielo dora,
tiende el arroyo su onda sonora
y alzan las aves tierna canción.

Nunca abandonan las golondrinas
por otras playas mi hogar feliz:
que en anchas grutas al mar vecinas
su nido arrullan, de algas marinas,
rumor de espumas y auras de abril.

Aquí no hay noches aterradoras
que horror al pobre ni angustia den,
ni el fuego ansiando pasa las horas
de las estufas restauradoras
que otras regiones han menester.

Pasa ligero, llega a otros climas
donde tus brumas tiendas audaz,
donde tus huellas de muerte imprimas,
que aunque amenaces mis altas cimas
y aunque pretendas tu cetro alzar,
siempre mis aguas tendrán rumores,
blancas espumas mi mar azul,
mis tiernas aves cantos de amores,
gala mis campos, vida mis flores,
mi ambiente aromas, mi esfera luz.

A la Patria

Desgarra, Patria mía, el manto que vilmente, sobre tus hombros puso la bárbara cueldad;

levanta ya del polvo la ensangrentada frente,
y entona el himno santo de unión y libertad.

Levántate a ceñirte la púrpura de gloria
¡oh tú, la predilecta del mundo de Colón!
Tu rango soberano dispútale a la historia,
demándale a la fama tu lauro y tu blasón.

Y pídele a tus hijos, llamados a unión santa,
te labren de virtudes grandioso pedestal,
do afirmes para siempre la poderosa planta,
mostrando a las naciones tu título inmortal.

Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento
se mezclen a los tuyos mis himnos de placer;
permite que celebre tu dicha y tu contento,
cual lamenté contigo tu acerbo padecer.

Yo ví a tus propios hijos uncirte al férreo yugo,
haciéndote instrumento de su venganza cruel;
por cetro te pusieron el hacha del verdugo,
y fúnebres cipreces formaron tu dosel.

Y luego los miraste proscritos, errabundos,
por playas extranjeras llorosos divagar;
y tristes y abatidos los ojos moribundos
te ví volver al cielo cansados de llorar.

Tú sabes cuántas veces con tu dolor aciago
lloré tu desventura, lloré tu destrucción,
así cual de sus muros la ruina y el estrago
lloraron otro tiempo las hijas de Sión.

Y sabes que, cual ellas, colgué de tus palmares
el arpa con que quise tus hechos discantar,
porque al mirar sin tregua correr tu sangre a mares
no pude ni un acorde sonido preludiar.

Mas hoy que ya parece renaces a otra vida,
con santo regocijo descuelgo mi laúd,
para decir al mundo, si te juzgó vencida,
que, fénix, resucitas con nueva juventud;

que ostentas ya por cetro del libre el estandarte
y por dosel tu cielo de nácar y zafir,
y vas con el progreso, que vuela a iluminarte,
en pos del que te halaga brillante porvenir;

que ya tus nuevos hijos se abrazan como hermanos,
y juran devolverte tu angustia dignidad,
y entre ellos no se encuentran ni siervos ni tiranos,
y paz y bien nos brindan unión y libertad.

¡Oh Patria idolatrada! Ceñida de alta gloria
prepárate a ser reina del mundo de Colón:
tu rango soberano te guarda ya la historia,
la fama te presenta tu lauro y tu blasón.

Mi Ofrenda a la Patria

¡Hace ya tanto tiempo...! Silenciosa
sí, indiferente no, Patria bendita,
yo he seguido la lucha fatigosa
con que llevas de bien tu ansia infinita.

Ha tiempo que no llena
tus confines la voz de mi esperanza,
ni el alma, que contigo se enajena,
a señalarte el porvenir se lanza.

He visto a las pasiones
levantarse en tu daño conjuradas
para ahogar tus supremas ambiciones,
tus anhelos de paz y de progreso,
y rendirse tus fuerzas fatigadas
al abrumarte peso.

¿Por qué, siempre que el ruido
de la humana labor que al mundo asombra,
recorriendo el espacio estremecido
a sacudir tu indiferencia viene,
oculta mano férrea, entre la sombra,
tus generosos ímpetus detiene?

¡Ah! yo quise indagar de tu destino
la causa aterradora:
te miro en el comienzo del camino,
clavad siempre allí la inmóvil planta
como si de algo que en llegar demora,
de algo que no adelanta,
la potencia aguardaras impulsora...

¡Quién sabe si tus hijos
esperan una voz de amor y aliento!
dijo el alma, los ojos en ti fijos,
dijo en su soledad mi pensamiento.

¿Y ese amoroso acento
de qué labio saldrá, que así acuda
el espíritu inerme, y lo levante,
la fe llevando a reemplazar la duda,
y del deber la religión implante?

¡Ah! la mujer encierra,
a despecho del vicio y su veneno,
los veneros inmensos de la tierra,
el germen de lo grande y de lo bueno.

Más de una vez en el destino humano
su imperio se ostentó noble y fecundo:
ya es Veturia, y desarme a Coriolano;
ya Isabel, y Colón halla otro mundo.

Hágase luz en la tiniebla oscura,
que al femenil espíritu rodea,
y en sus alas de amor irá segura
del porvenir la salvadora idea.

Y si progreso y paz e independencia
mostrar al orbe tu ambición ansía,
fuerte, como escudada en su conciencia,
de sus propios destinos soberana,
para ser del hogar lumbrera y guía
formemos la mujer dominicana.

Así, de tu futura
suerte soñado con el bien constante,
las fuerzas consagré de mi ternura,
instante tras instante,
a dar a ese ideal forma y aliento,
y rendirte después como tributo,
cual homenaje atento,
de mi labor el recogido fruto.

Hoy te muestro ferviente
las almas que mi afán dirigir pudo:
yo les di de verdad rica simiente,
y razón y deber forman su escudo.

En patrio amor sublime
templadas al calor de mis anhelos,
ya sueña que tu suerte se redime,
ya ven de tu esperanza abrir los cielos.

Digna de ti es la prenda
que mi esfuerzo vivísimo corona
y que traigo a tus aras en ofrenda
¡el don acepta que mi amor te abona!

Que si cierto es cual puro
mi entusiasta creer en esas glorias
que siempre, siempre, con placer te auguro;
si no mienten victorias
la voz que en mi interior se inspira y canta,
los sueños que en mi espíritu se elevan,
ellas al porvenir que se adelanta
de ciencia y de virtud gérmenes llevan.

Ruinas

Memorias venerandas de otros días,

soberbios monumentos,
del pasado esplendor reliquias frías,
donde el arte vertió sus fantasías,
donde el alma expresó sus pensamientos.

Al veros ¡ay! con rapidez que pasma
por la angustiada mente
que sueña con la gloria y se entusiasma
la bella historia de otra edad luciente.

¡Oh Quisqueya! Las ciencias agrupadas
te alzaron en sus hombros
del mundo a las atónitas miradas;
y hoy nos cuenta tus glorias olvidadas
la brisa que solloza en tus escombros.

Ayer, cuando las artes florecientes
su imperio aquí fijaron
y creaciones tuviste eminentes,
fuiste pasmo y asombro de las gentes,
y la Atenasmoderna te llamaron.

Águila audaz que rápida tendiste
tus alas al vacío
y por sobre las nubes te meciste:
¿por qué te miro desolada y triste?
¿dó está de tu grandeza el poderío?

Vinieron años de marguras tantas,
de tanta servidumbre;
que hoy esa historia al recordar te espantas,
porque inerme, de un dueño ante las plantas,
humillada te vió la muchedumbre.

Y las artes entonces, inactivas,
murieron en tu suelo,
se abatieron tus cúpulas altivas,
y las ciencias tendieron, fugitivas,
a otras regiones, con dolor, su vuelo.

¡Oh mi Antilla infeliz que el alma adora!
Doquiera que la vista
ávida gira en tu entusiasmo ahora,
una ruina denuncia acusadora
las muertas glorias de tu genio artista.

¡Patria desventurada! ¿Qué anatema
cayó sobre tu frente?
Levanta ya de tu indolencia extrema:
la hora sonó de redención suprema
y ¡ay, si desmayas en la lid presente!

Pero vano temor: ya decidida
hacia el futuro avanzas;
ya del sueño despiertas a la vista,
y a la gloria te vas engrandecida
en alas de risueñas esperanzas.

Lucha, insiste, tus títulos reclama:
que el fuego de tu zona
preste a tu genio su potente llama,
y entre el aplauso que te dé la fama
vuelve a ceñirte la triunfal corona.

Que mientras sueño para ti una palma,
y al porvenir caminas,
no más se oprimirá de angustia el alma
cuando contemple en la callada calma
la majestad solemne de tus ruinas.


Biografias : Por: Silveria R. de Rodríguez Demorizi